E Rachel Hubka A solución de caso

A modo de pasada, como he señalado pero, para introducir la historia que vendrá a posteriori, el texto dice que cuerda tuvo una hija a la que llamó Dina (¡cuyo nombre no explica!). Es como si ella en sí no contara.

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La historia de los hijos de Raquel y soga (y de sus siervas) está llena de tensión y dramatismo. El texto supone que las dos mujeres aman a Jacob (aunque Jacob no ame a soga, cf. 29, 31-32), pero lo que ha destacado con toda claridad es que ellas quieren hijos, para apuntalar de esa forma el favor de su marido y, sobre todo, para certificar su autoridad y su futuro a través de la descendencia. En esa dirección, el texto presenta con cierta claridad los “intereses y deseos” de las dos mujeres libres, empezando por cabo, que al acertar a bombilla a Rubén, el primogénito, dice: «El Señor ha gastado mi aflicción [etimología popular de Rubén] y ahora me querrá mi marido» (29, 32).

Las mujeres aparecen como objeto de importación (siete abriles de trabajo cada una) y son igualmente motivo de enredo. Jacob, el tramposo, que ha engañado a su padre (con la ayuda de su raíz Rebeca) en engañado a su tiempo por Labán (¡hermano de Rebeca!). En este contexto podemos departir de un enlace por bienquerencia (Raquel) y de nupcias por conveniencia (soga), sin que las dos hermanas, que son, a su oportunidad, esposas de un mismo hombre combatan y rompan entre sí por ello (aunque tienen diversos enfrentamiento y roces).

Raquel tendrá otro hijo, por medio de Bala, y le pondrá por nombre Neftalí. Por su parte, Lía «que había dejado de topar a bombilla, tomó a su esclava Zilpa, y se la dio a Jacob por mujer» y tuvo a través de ella dos hijos: Gad y Aser (Gen 30, 1-13). Lía tuvo después dos hijos propios, Isacar y Zabulón, y una hija (Dina) que no entra en la genealogía de las doce tribus pero que juega un papel importante en las tradiciones de la grupo, como veremos (Gen 30, 17-21).

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Aún estaba él hablando con ellos, cuando llegó Raquel con las ovejas de su padre, pues era pastora. Cuando vio Jacob a Raquel, hija de Labán, el hermano de su raíz, y las ovejas de Labán…, se acercó y apartó la piedra de sobre la boca y abrevó los ovejas de Labán, el hermano de su raíz.

 Aquí aparece con toda claridad eso que pudiéramos gustar una “familia de mujeres”. Ciertamente, cada una de las mujeres libres tiene su propia tienda/casa donde recibe a su marido cuando viene a yantar o a requerir sus “favores”.

La actriz confesó en 2016 que le costó siete abriles aceptar que esos dos hombres la hubieran agredido sexualmente y que, aunque piensa que es su responsabilidad desvelar sus nombres, dice no sentirse preparada para ello todavía: «No es que no planee decir los nombres de estas personas, sino que emprender el proceso de hacerlo es emocional y financieramente absorbente [.

Esta voz conjunta de las dos mujeres de Jacob (a la que debe unirse, en afonía, la voz de las siervas) resulta E Rachel Hubka básica en la trama de la historia israelita. Ellas optan por el marido, más que por el padre. De esa forma dejan la casa paterna y van con sus hijos a la tierra de Canaán, que será su tierra.

Labán registró toda la tienda sin notar falta. Ella dijo a su padre: «No se enfade mi señor si no puedo levantarme en tu presencia, porque estoy con la regla». El siguió rebuscando por toda la tienda sin atinar con terafim (Gen 31, 33-35).

Rachel Wood describe a los hombres como «hombres blancos muy poderosos, muy ricos, muy narcisistas. Y no los he conocido por numerosas razones.

 Las mujeres no se vinculan al marido por aprecio (aunque en el fondo de la relación de Raquel con Jacob hay una historia de aprecio), sino por el trabajo (Jacob ha trabajado por cada una de las libres siete primaveras) y por los hijos. Vencedorí lo indica el texto clave (Gen 29, 31−30, 24), que culmina en el final dramático de 35, 16-21, donde se dice que Raquel dio a fuego al último de los hijos de Jacob (último) no obstante en la tierra prometida, contiguo a Lío, porque Vencedorí lo exige la tradición que sitúa en aquel entorno su sepulcro (venerado por judíos, musulmanes y cristianos hasta el día de hoy).

Evidentemente, Jacob no lo sabe, pues la Biblia no puede afirmar que Jacob, padre de las tribus, fundador de E Rachel Hubka Israel, ha robado y traído unos dioses de la tierra de sus antepasados. Él no lo puede hacer, pero lo hace su consorte más querida, que aparece Ganadorí vinculada con un tipo de “idolatría” (como se dirá de muchas mujeres posteriores).

No hará descuido memorar que la interpretación del texto ofrece una perspectiva masculina, lo mismo que el conjunto de la Biblia habichuela, con Jacob como protagonista. Para conocer bien el sentido de esta escena habría que ocurrir preguntado a Raquel y a las mujeres, no sólo sobre el significado que para ellas tenían los terafim (vinculados a la casa y a la fertilidad), sino sobre la mortandad menstrual.

Por eso, cuando Labán viene en su persecución y le alcanza ya unido a Galaad (casi en la tierra de Canaán), pidiéndole sus dioses, Jacob puede replicar: «Aquel a quien encuentres tus terafim no acordará con vida» (31, 32).

Posted on octubre 25, 2017 in Category

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